Corona del Vignemale – 1, 2 y 3 Agosto 2026

Corona del Vignemale

Ascimas

El Vignemale, con sus 3.298 m, es la montaña más grande del macizo que recibe su nombre. Es una montaña imponente, custodiada por el glaciar de Ossoue. Algunos de nosotros llevaban años soñando con alcanzar su cima y todos llevábamos meses esperando que llegará la fecha de la actividad, cuyo objetivo era recorrer y alcanzar las distintas cimas que forman la corona del Vignemale. La emoción y las ganas eran tantas que, pese a no haber plazas suficientes en el refugio para todos los interesados, dos valientes del grupo portearon tienda, ropa de abrigo y saco para poder hacer la actividad junto al resto de compañeros. En total, fuimos 22 los participantes.

Viernes, 31 de julio: primeros momentos.

Ese día, todos nosotros emprendimos el viaje en coche hasta las inmediaciones del valle de Bujaruelo. Algunos dormimos en tiendas y coches y otros durmieron en zonas cercanas – Oto, Broto… – porque, como buenos alpinistas, al día siguiente tocaba madrugón.

Sábado, 1 de agosto: el día de la aproximación y ascensión al Petit Vignemale.

A las 6 de la mañana estábamos todos en pie, con mochilas incluidas, preparados para nuestra larga caminata. La ruta comenzó en el Refugio de San Nicolás de Bujaruelo, desde donde caminamos a través del valle del Ara siguiendo el curso del río. Pasamos por la cabaña de Cerbillonar y afrontamos la subida al Puerto de los Mulos.

Ya frente a la cara norte del macizo del Vignemale, descansamos un poco y comimos (y sí, por supuesto que nos hicimos fotos para presumir). Después de la parada contemplando esas imponentes paredes (y algunos soñando futuras ascensiones), pusimos rumbo a la interminable, y en su mayoría, durísima, aunque preciosa subida a la Hourquette d'Ossoue. Y, aunque agotados, fuimos muchos quienes decidimos ascender al Petit Vignemale (3.032m) y contemplar las vistas que nos ofrecía.

La tan ansiada llegada al refugio se hizo realidad aproximadamente a las 6 de la tarde. Y solo había una cosa que deseábamos entonces más que cenar: una ducha. Para nuestra desgracia, en Baysellance eso no es posible, pero nosotros, que conseguimos lo que nos proponemos, hicimos de los lavabos nuestras duchas particulares.

En definitiva, el día se puede resumir en que caminamos, y caminamos mucho (+2000 m, 22 km), y sufrimos en algunos momentos un poco, pero también vimos paisajes impresionantes y mantuvimos conversaciones interesantes.

Domingo, 2 de agosto: el día de la ascensión.

El día empezó mal: ¡con una alarma puesta media hora antes de la hora! La persona responsable casi se queda en el refugio (pero ya advertimos que la próxima vez que alguien haga algo similar, se quedará en el refugio). Por suerte el día continuo bastante mejor y sobre las 6 de la mañana, hora de salida prevista, estábamos listos para comenzar a caminar.

La cosa se puso interesante desde el principio de la mañana: se nos cayó una cantimplora llena de Dom Pérignon ladera abajo, y tras cruzar el glaciar, subir parte de una empinada pala y llegar a nuestro primer objetivo – la Espalda Chausenque (3.154 m)-, comenzamos que si con líos de cuerdas, caída de piedras e, incluso, ¡un crampón en la rimaya!  Conscientes de la numerosidad del grupo, los monitores no se rindieron y decidieron apostar por lo seguro. Esta vez no ascenderíamos ese primer pico, ni tampoco sus contiguos —Punta de Chausenque y Piton Carré—, desde los que se tenía pensado acceder al Vignemale. Iríamos directamente a atacar el gran objetivo: el Gran Vignemale por la normal.

Así que, crampones en pie y piolet en mano, nos dispusimos a cruzar el gran glaciar de Ossue. Paso a paso por ese glaciar milenario, llegamos a las faldas del pico. Ahí estaba, en frente nuestro. Subimos y trepamos, intentamos no tirar muchas piedras y alcanzamos lo que sería la primera cima del día. Ahí arriba lo celebramos, nos abrazamos y nos hicimos la foto grupal.

Al descender esta gran cima, y aún no cansados, nos dirigimos a través del glaciar al siguiente objetivo: el collado de Cerbillona, desde donde atacaríamos dos objetivos más. Subir a ese collado es un reto en sí mismo, pues no solo se encuentra a más de 3.000 metros y se puede observar parte del glaciar debajo de las piedras por las que asciendes, sino que además… ¡llueven piedras!

Una vez allí, alcanzamos en primer lugar la cima del Pic de Clot de la Hount (3.289 m), situado a la derecha del collado, y después el Pic de Cerbillona (3.247 m), situado a la izquierda.

Debido a la hora, los monitores decidieron volver al refugio y abandonar el resto de nuestros objetivos. Así que, contentos de haber hecho tres tresmiles (¡nada más y nada menos!), de haber podido disfrutar de ese magnífico paisaje, de haber visto y entrado en alguna de las cuevas, de habernos abrazado, de haber tomado muchas decisiones y de habernos reído, emprendimos la vuelta al refugio.

Allí nos esperaban dos de nuestros compañeros que, en un ejercicio de honestidad y valentía, decidieron quedarse ese día en el refugio y que, entre sudokus y abrazos, nos recibieron con mucho cariño.

Lunes, 3 de agosto: regreso a casa.

La vuelta la hicimos muuuy tranquilos, hablando, riendo y comiendo lo que sobraba (nadie quería llevar peso extra, especialmente el de las morcillas). Descendimos desde el refugio de Baysellance hasta casi el Barrage d’ossoue, desviándonos hasta la cabaña de Lourdes y continuando hasta el ibón de Bernatuara. Y si, en cada uno de estos lugares hacíamos paradas de media hora, hasta el walkie se bañó. De hecho, ¡un poco más y nos pilla la lluvia!

Al llegar al parking, solo quedaban abrazos y palabras de agradecimiento. Y, como colofón, mientras algunos se tomaban su merecida cerveza en el bar, otros nos bañábamos en el río bajo la lluvia.

Me gustaría añadir una pequeña reflexión que viene de profesión… Puede que algunos, al leer la reseña, penséis que no cumplimos nuestro objetivo, pues no conseguimos algunas de las cimas propuestas. A mí, me gusta mirarlo desde otra perspectiva. En psicología, hablamos de tres necesidades o motivaciones sociales presentes en las personas: afiliación, poder y logro. Unas personas tienen mayor necesidad de unas que de otras. A mí, me gusta pensar que los montañeros y alpinistas tenemos más motivación de logro y que, por eso, a veces no alcanzamos nuestros objetivos, al menos en un primer momento.

No es falta de habilidad ni de capacidad. Las personas con motivación de logro, que buscan superarse, dominar el conocimiento en un área y desarrollar al máximo sus habilidades, se caracterizan por proponerse metas exigentes pero alcanzables. Y, en ese ejercicio de crecimiento personal, el precio que hay que pagar es que no siempre se consigue todo lo propuesto el día esperado. Sin embargo, cuando esa persona mira atrás, quizá unos meses o unos años, se da cuenta de que lo que antes era impensable ahora es realizable, e incluso, le parece fácil.

Por eso, pensándolo bien no es que no hayamos cumplido con el objetivo propuesto, es que todavía estamos en el camino de hacerlo. Además, si volvimos sanos, volvimos (más) amigos e hicimos cumbre(s), cumplimos. Eso sí, tocará volver.

Por último, y ya sí para terminar, quiero dedicar un enorme agradecimiento a todos los que hicisteis posible esta gran experiencia. Y, en especial, a los monitores por la organización, por las decisiones y por su energía incansable.

¡Gracias, Ascimeros!

PD: En la próxima, no se nos olvida la bandera del club.