Barrancos en Rodellar
Crónica 8 y 9 Noviembre
Creía que era el último en llegar, pero fui el primero. Como un
cuentagotas llegaron los que se quedarían a dormir la noche del
viernes al sábado en el apartahotel de Rodellar: Fernando, Rubén,
Antonio, Chabi, Javier e Israel. Se prepara una improvisada y
abundante cena rica en grasas.
A la mañana siguiente llega el resto:
Ángel 1, Blanca, Ángel 2, Inés, y sobre la campana Ana y Noe. La
mañana se presenta nublada y algo fría, no queda claro si ha llovido
durante la noche. Nos aproximamos bajando hasta el Mascún cruzando el
cauce un par de veces cerca de las famosas vías de escalada de
Rodellar y el icónico delfín. Llegamos al cruce en el que tomamos el
desvío hacia Otín. Marcha corta y pa’rriba. A media cuesta, donde la
ciudadela, conveniente propuesta de Ángel 1 sobre esperar al resto,
aunque no hubiera pérdida alguna. A la entrada del pueblo abandonado
de Otín, nos hacemos la foto grupal bajo dos robles enormes que deben
ser centenarios. Alguien ha olvidado el banderín. La indicación es “a
cuchillo hacia abajo”, sin embargo, mientras Ana está en el baño, el
cuchillo va hacia un lado y hacia el otro hasta que nos ponemos de
acuerdo por dónde es y pasa de vuelta por el baño. Llegamos a la
entrada del barranco. Allí me doy cuenta que la he liado, porque no
tengo bote estanco para guardar mi forro ni mis pantalones. Por suerte
Inés me deja espacio en su bolsa estanca.
En el primer tramo el barranco no lleva mucha agua, aunque se nota que
con las últimas lluvias se ha llegado a cargar. Hay mucho barro pero
podría ser peor. Llegando a La Marmita, una cuerda vieja, sucia y fea
es la única vía para seguir avanzando. Avanzo con Blanca para montar
los siguientes rapeles, y gracias a su continuo sacrificio consigo no
sumergirme en ninguna de las charcas. En el rápel doble de 35 m, donde
hay que bajar por la izquierda, Ángel 1, que baja el primero sufre una
ligera confusión y tira por la derecha. Queda colgado un rato hasta
que puede volver al rellano. Se ve que en esa zona el aire debe ser
pobre en oxígeno, porque Antonio, encargado de esa reunión también me
lanzó seriamente el sabio consejo de “sigue la gravedad”. Por suerte
puedo bajar los 35 m hasta cotas menos dañinas en cuanto a falta de
oxígeno se refiere.
Por fin me toca armar la reunión con la cuerda de 28 m para un rapel
de 6. Tras varios intentos consigo hacer el 8 desembragable, y Rubén,
que es el primero en bajar, observa con recelo la reunión de la que
estoy orgulloso y me da algunos tips para consolidarla. No ha habido
bajas que lamentar así que lo considero todo un éxito. La vista sobre
las puntas del Mascún desde ese punto y en la cabecera del rapel de 40
m es impresionante. Una vez abajo, terminado el barranco de Otín, la
espera hasta que bajan todos se hace un poco larga, sobre todo para
Ángel 2, que tras una interesante discusión sin consenso con Fernando
sobre si es más conveniente armar un nudo de cola de vaca doble o un
ocho doble en las reuniones, lo empieza a pasar mal con la brisa que
se levanta y tiene que abrigarse. La vuelta es por el tramo inferior
del barranco del Mascún. Toca nadar en alguna badina, y finalmente
llegamos al desvío que sube hacia Otín. Un perrete se ha
separado de una batida de caza y se une a nuestro grupo de cola.
Habíamos escuchado los disparos resonar “pum, pum” con los ecos
mientras hacíamos el barranco. Parece que ha perdido el rastro y busca
a sus compañeros. Rubén lo va llamando con silbidos para que al menos
nos siga hasta el pueblo. Javier nos enseña un atajo por el que hay
que trepar un poco para recortar tiempo, y resulta que el perrete
además de cazador es escalador. Arriba encuentra y llama a los otros
que están al otro lado. No hay problema pues tiene un localizador gps
con el que le encontrarán pronto.
Llegamos al apartahotel, y la merienda cena se hace esperar. Ángel 1 y
Javier se impacientan, y presentamos la merienda. Al terminar, bien
satisfechos sobre todo de queso, Ángel 1 se marcha y Chabi propone un
paseo por el pueblo. Resulta que el Kalandraka está cerrado pero
abierto, es decir, se puede entrar y está iluminado pero no hay
servicio. Chabi nos explica el pasado de aquel lugar que conoce muy
bien, y los concursos de dominadas de dedos, que son altamente
lesivos.
De vuelta, magistral y breve demostración de salsa en línea de Antonio
y Ana, y a dormir. Esta noche no es como la anterior, al menos para
mí. El aviso de sonambulismo de mi compañera de habitación, y la
sucesión de motores, ronquidos que traspasan paredes, calderas, duchas
y una misteriosa puerta cerrada que no sé a dónde da, provocan que no
sea una noche reparadora. Me parece que Israel lo ha pasado incluso
peor, pues no había pared ninguna entre él y el origen de los
ronquidos. Su falta de sueño se hace evidente a la hora del desayuno
al probar un nuevo método de impermeabilización para mis botas
empleando el batido de chocolate que me estaba desayunando. El nuevo
método no funciona.
Para hacer el Cautiecho, salimos en caravana con muchos coches hacia
el comienzo de la aproximación. Allí se unen Roberto y Javi. ¿Todo
esto lo tendremos que subir a la vuelta? Es la pregunta que todos nos
hacemos todos mientras bajamos hasta el barranco de Valced. Allí surge
la duda de hacia dónde tirar, al final cada uno va por donde le
parece, y allí se nota la experiencia de Roberto, que sin perderlo en
ningún momento avanza con seguridad por el sendero señalizado por
mojones desechos, seguramente puestos allí en la misma época en la que
hizo el barranco por primera vez. Desde la parte más alta de la
aproximación se aprecian las curiosas formaciones de los Canales de
Adahuesca, hogar del treparriscos y de un grupo de cabras que nos
observan. La foto grupal se hace sin el banderín otra vez. Mientras
nos ponemos los neoprenos y todo el material, (felizmente aparecen un
ocho y un mosquetón que daba por perdidos), nos damos cuenta que
Fernando y Javi no están. “No seguiremos sin ellos”. Una lágrima
asoma a los ojos de Roberto que está profundamente preocupado. ¡Roca
va!..¡Árbol va! No seré el más hábil bajando, pero sí erosionando el
monte. Javi y Fernando ya han montado el primer rapel. Justo en la
base, un pequeño tritón camina (¿o nada?), por un pequeño hilillo de
agua.
La calavera de una cabra surge del fondo de una charca, tal y como en
la escena de El Retorno del Rey. Parece una advertencia.
-Te toca montar rápel-, me dice Chabi, -es de los pequeños-.Cuando
llego me asomo y casi me da un mareo. -Eso son muchos metros- Le digo.
Tenía razón, tiene que venir Rubén y emplear su cuerda de 50 m para
montar el Rápel más bonito de Guara, o eso dicen. Lo cierto es que voy
disfrutando tranquilamente cada centímetro del descenso, demasiado
tranquilamente, hasta que los gritos de Roberto me recuerdan
suavemente que hay mucha gente para bajar y abajo hace frío.
La salida del barranco está justo enfrente de salida del Juncar. Muy
bonito el barranco pero tal y como dice Fernando “está sin
compensar”. Es decir, muy cortito para la subida que nos esperaba a
la vuelta. Antonio nos aconseja refrescarnos con un bañito en el agua
antes de volver a subir y Blanca y yo le hacemos caso. Un acierto. Los
madroños están en su punto óptimo y nos dan la energía para regresar.
El día ha sido estupendo y todo termina con un plato combinado o unas
hamburguesas en el 24h de Huesca.
