Ferrata de Sorrosal y de Los Duendes
Ferratas de Sorrosal y de Los Duendes
Es uno de los caramelos de Aragón, si hablamos de ferratas, y había que hacerla. Desde que existe la sección no se había hecho (excepto en la multiactividad del año pasado) como actividad planificada dentro de dicha sección. Esta vez el plan era hacer la ferrata de la Cascada de Sorrosal (K3), y su hermana pequeña, la ferrata de los Duendes de Sorrosal (K1), que se encuentra al lado.
Atacamos primero la grande, ya que se preveía gente y calor conforme avanzara la mañana, como así fue. Nada más cruzar la pasarela que te pone a pie de los hierros, tuvimos que parar antes incluso de preparar los disipadores, ya que un gran grupo delante nuestro parecía tomarse la progresión con cierta tranquilidad.
Tras prolongar esa espera prudentemente para no volver a tener que parar ya en el recorrido, empezamos a subir. Doce ferreteros entre monitores y participantes que, sin ninguna dificultad fuimos cogiendo altura, a la vez que maravillándonos una vez más (casi todos la habíamos hecho ya en ocasiones anteriores) por el espectáculo de la caída de agua y la poza intermedia.
Una escalera en tramos en vez de grapas, nos sitúa a la entrada de la cueva artificial por donde bajaba buen caudal de agua. Armados con nuestros frontales, y usando las presas de escalada que se hallan dispuestas por las paredes de la gruta, fuimos progresando uno tras otro hasta desembocar en la guinda del pastel: el precioso cañón por el que bajan las aguas que enseguida se precipitarán cascada abajo, en busca del río Ara a su paso por la localidad de Broto.
Una vez comprobado que toda la tropa había atravesado las tripas de la montaña sin incidentes, continuamos avanzando, encontrándonos (oh, sorpresa…) con cinco compañeros del club, que estaban bajando el barranco. Ellos para abajo, nosotros para arriba.
Tras los saludos de rigor y los recíprocos deseos que todo vaya bien, continuamos hacia arriba hasta llegar al descansillo que hay al inicio de la última cascada que veríamos en nuestro recorrido. Punto típico y tópico para la foto de grupo, reponer agua y alguna proteína quien más y quien menos, y continuamos la progresión ya menos interesante pero no por demérito sino por la belleza que dejábamos atrás.
Unos veinte minutos después llegábamos al punto final de la vía, un bosque de pinos donde aprovechamos para descansar e hidratarnos de nuevo, antes de comenzar el retorno.
De vuelta en el pueblo, el grupo se enfrentó a un motín tras el cual una parte de los integrantes se fueron a bañar a una refrescante poza por la zona (que ya teníamos previsto en el plan), y el resto fuimos a dar cumplida cuenta de la K1 que ya nos esperaba. Una ferrata que no iríamos a hacer de propio, pero que estando allí mismo es un juguete de vía, por sus equipamientos, diversidad de agarres de progresión, y sombra que se agradecía, ya que el mediodía ya se nos había echado encima.
Una vez terminado el juguete y cumplido con el refrigerio correspondiente en el bar, nos encaminamos a la poza, para el reencuentro con los amotinados y posterior reconocimiento y felicitación por la estupenda jornada que habíamos compartido.
