Barranco San Andres
Barranco de San Andres
Hay días en los que el monte decide regalarte una tregua, y este fin de semana la sección de barranquismo de As Cimas supo aprovecharla. Salimos de casa preparados para una "invernal" de las de moco colgando y tiritona, pero nos encontramos con un sol que más que febrero parecía el primer día de rebajas de julio. El arranque no pudo ser más amable; el sendero de aproximación estaba tan bien marcado que ni el más despistado del club logró perderse, y mira que entre nuestras filas tenemos auténticos especialistas en "atajos creativos".
Una vez en el cauce, el San Andrés nos recibió con su mejor cara. El agua, lejos de ser el enemigo helado que habríamos podido esperar, bajaba con un caudal de lo más agradable, llenando unas pozas tan limpias y cristalinas que daban ganas de quedarse a vivir en ellas.
El descenso fue ganando en belleza hasta culminar en sus dos últimos rápeles, piezas de pura estética vertical. Mientras los 14 íbamos desfilando por las cuerdas con una coreografía perfecta, nos convertimos, casi sin querer, en el centro de atención de la carretera cercana. Estamos seguros de que más de un conductor, al vernos recortados contra la roca desde su coche, se enteró por fin ese día de que en aquellas paredes se escondía un barranco de postal. Cerramos la jornada con la satisfacción de haberle robado un día inolvidable al invierno y, por supuesto, alegrando los estómagos, esta vez con unos platos combinados en el restaurante El Barranque en Barbastro.
